descubrió en el rostro amado
la frágil expresión de la despedida.
Alguien lo vio marcharse con el alma
con el silencio de las cosas perdidas.
Dejó las horas y el árbol que miraba
un viejo manuscrito,
una senda.
La abomina visión del desapego.
Habría querido besar sus manos y sus besos,
guardar en una escarapela
luz,
sombra,
caballos de batalla
himnos y sepulturas.
Son un vértigo donde me equivoco,
transforman los significados.
Serán otros los días del equilibrio,
un tropiezo,
con las dos percepciones en mis ojos,
luz y otredad.
Oraciones gravitantes
mujeres frágiles hechas de inviernos.
Piedras del principio del mundo.
Hay escorpiones en la pared cuando entran las aguas,
augurios en las flamas de las velas
estrepito en el agua que cae,
ahuyentas,
retraes la expresión,
mientras rio abajo las aguas del pasado.

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