lunes, 16 de septiembre de 2013

Rotos están los tiestos de la antigüedad. Millones de fisonomías en las calles de las grandes ciudades y un solo antifaz con signos de una tierra derruida y asaltada. Largos son los caminos del sosiego, habremos de vivir con el tejido de Judea asistiendo a las ceremonias del sincrético mundo que hoy amaneció sin guía. La negra que enreda en sus muslos la fundación de Abraham y el libro de los muertos. La india que asiste a la alborada con una hamaca tejida con desvelos. Un fragmento de Guerra, el día de Enero, a golpe de tambor, o cantando inviernos sobre una curiara, somos un vértigo de historia que se desdibuja en los modales del alma. Perdidos están los libros que lo dijeron todo, los horizontes que miraban los aristotélicos, las lunas que se vieron cuando Sara estuvo embarazada. La guadalupana virgen hará la obra del perdón a aquel que estalló su imagen, mientras se afilan otras espadas.

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